Cuando el futbol nos robó la ilusión

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Copa Libertadores

La tarde del sábado en Buenos Aires tenía un sabor distinto para su población, la final de la Copa Libertadores paralizaba casi por completo una ciudad que añoraba este encuentro desde hace algunos ayeres. River y Boca, Boca y River, dos cuadros tan iguales y tan diferentes luchando en una eterna pelea que quizá podría poner fin el 24 de noviembre.

Sin embargo, en tiempos donde el arte, la fama y la importancia que atribuimos a las cosas son tan relativas, llega un momento donde la ilusión se pierde, hundida entre lo pedante y lo pretencioso, el momento en que el posmodernismo se une al futbol y no tenemos en quien creer.

Las antiguas generaciones tenían en Pedernera, Labruna, Moreno, Muñoz y Loustau a las figuras de ‘La Banda Roja’ que forjaron a la famosa ‘Máquina’ de los 30 y 40; el propio Labruna rompió la maldición de las ‘Gallinas’ en los 70, llegaron Beto Alonso y Francescoli en los 80. Y así el tiempo pasó y las figuras iban y venían en el Barrio de Belgrano.

Pero, ¿cuándo murió la ilusión? Con el pasar de los años, River tuvo a Ramón Díaz como DT y marcó época entre los 90 y la primera década del nuevo siglo, de la mano de Crespo, Ángel, Saviola y Aimar. Pasaban los años y el ‘Millonario’ perdía fuerza, se ganó un título con Simeone y después… el descenso. Volvió Cavenaghi, llegó Trezeguet, el Chori, pero no existía conexión cercana con sus ídolos.

Como la Paradoja de Teseo, si pierdes a tus ídolos, ¿sigues siendo River? Los hinchas lo entendieron así y para ellos su conexión radica ya en la camiseta, quedando de lado los once que luchan cada año en la cancha. La final de la Libertadores era la oportunidad perfecta para recuperar el sabor y reconectarse con sus jugadores.

De último momento, la lluvia no quiso que se jugara la final, después fue la violencia, fue trasladar la pelea a otros terrenos en los que la batalla debía ser simbólica. El camión de Boca fue atacado con piedras y gases lacrimógenos en su camino al Monumental para el duelo de vuelta, recordando aquella vergonzosa imagen en La Bombonera hace casi 4 años. Los hinchas tenían su revancha, pero no el trofeo.

Los jugadores de Boca fueron heridos tanto en su físico, como en su orgullo, ¿quién querría estar en una final así? Los propios jugadores de River no podrían disfrutar de vencer a su rival sin jugar al 100%. La final que no quiere jugarse volvió a manipular la ilusión y este domingo volvió a quedar en la incertidumbre.

Pocos ídolos, orgullo dolido y una muestra de una sociedad herida frente a un hecho tan relativo como la posmodernidad. En momentos de división y desasosiego, ¿en quién vamos a creer?

 

Autor: Carlos Armando López

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