Entre despedidas y traiciones, el cielo se pinta de celeste

Entre despedidas y traiciones, el cielo se pinta de celeste

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Iván Marcone

Hacía dos meses en Cruz Azul, todo era esperanza y ganas de triunfar. No había algo más allá del horizonte que levantar el campeonato y terminar la sequía que tantas decepciones ha dado a una institución que se hace llamar grande. Entre los nombres elegidos para lograr la hazaña resaltaba el nombre del Iván Marcone, el ‘Capo’ del mediocampo cementero.

El exjugador de Lanús era el alma del equipo haciendo el trabajo sucio que ofrecía mucho equilibrio a un equipo que ha vivido trastabillando los últimos 40 años. Él era el ‘elegido’, el hombre que podía conducir la locomotora camino al triunfo, sin embargo, en el momento clave… falló.

Iván fue gran señalado al perder un balón en la salida que costó el primer tanto en contra para Cruz Azul que una vez más cayó ante el odiado rival. En la vida, como el futbol, un día eres un héroe y en un pestañeo te conviertes en villano. El maquinista fue atropellado, pero prometió revancha.

No obstante, en el deporte hay que aprender que la pelota no siempre viene por donde uno la espera y el ‘Capo’ apostó por marcharse antes que asumir el reto de volver a ganar. La salida fácil vino en los ‘malditos’ colores amarillo y azul, Boca Juniors trajo los cantos de sirena e Iván cayó hipnotizado, dejando a Cruz Azul a la deriva cuando más lo necesitaba.

Nada es eterno y los amores efímeros son los que más se disfrutan, pero siempre existen maneras de marcharse e Iván eligió la peor. Nadie dudaba que Marcone iba a irse, al final de cuentas, todos se van en algún punto pese a las grandes alegrías. Se fue Hermosillo, Palencia, ‘Conejo’, ‘Chaco’ y otros tantos,  la afición de Cruz Azul es de tiempos pretéritos.

El aficionado Celeste ya no teme a una nueva derrota, ni a las falsas ilusiones. En el mejor de los casos, no hay mal que dure 100 años (preguntémosle a los Cubs de Chicago).

Lo que sí provoca escalofríos es el paso de las estaciones y los tiempos venideros, inexorables como el verano que embellece las hojas y el invierno que las seca para dar paso a un nuevo mañana. Y que una noche de enero tengan que despedirse de otro ídolo, mientras aquel sueña en otros colores en medio de una melancólica escena. Eso es lo que más entristece.

 

Autor: Carlos Armando López

 

Felicidades América, felicidades al campeón

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